Entorno natural y cultural del caribe costarricense
El litoral Caribe costarricense se encuentra enmarcado en una gran diversidad natural y cultural: con la presencia de población afrodescendiente y con importante influencia de la cultura indígena, europea y china, cada grupo ha aportado a la zona su forma de arraigo y estilo propio. En esta zona convergen más culturas que en cualquier otro lado del territorio costarricense, así como convergen las especies de flora y fauna más diversas de ambos hemisferios.
Esta región está ubicada a unos 209 Km. de la capital. Tiene un clima caliente pero no asfixiante; es húmedo, típico de las costas, con una temperatura anual promedio de 25.5º C. Al sur de la provincia de Limón, en la Cordillera de Talamanca, se hallan las cumbres más altas del país, entre las que destaca el cerro Chirripó, punto culminante de la geografía costarricense a 3.819 m de altura sobre el nivel del mar.
Es una zona poco industrializada y esta dedicada en gran parte a la agricultura. Cuenta con la mayor producción bananera del país, que hace de Costa Rica el segundo exportador mundial de la fruta. La historia de las luchas laborales de los obreros del banano son épicas y se remontan a los años treinta del siglo veinte. En 1991 esta bella provincia sufrió un devastador terremoto. Su puerto es el más importante de Costa Rica y uno de los mayores centros de tránsito de contenedores de América Latina.
La historia de Limón esta muy ligada a la construcción del ferrocarril que uniría la costa atlántica con San José, la capital, y para cuya construcción, a partir de 1872, llegaron inmigrantes afro caribeños, especialmente desde Jamaica. Hoy día Limón conserva esa herencia antillana y el espíritu del África Occidental, tierra de sus ancestros, manteniendo sus propios rasgos artísticos, su gastronomía, su música y su particular arquitectura.
Limón dispone de 336 km de arenas blancas, playas y palmeras y exuberantes parques nacionales que protegen bosques húmedos tropicales y arrecifes de coral, así como centenares de especies de flora y de fauna, muchas de ellas en peligro de extinción ante el avance de los monocultivos de las transnacionales.
El parque nacional Tortuguero, ubicado en el Caribe Norte, contiene la muestra más grande de bosque húmedo tropical protegido de todo el Caribe Centroamericano. Recorrer sus canales y ríos, observar la flora y la fauna, apreciar el desove de las tortugas marinas y tener la oportunidad de observar a más de 300 especies de aves dentro de las que se encuentra la lapa verde, el pavón y los tucanes, son experiencias invaluables. En esta zona se llevan a cabo importantes investigaciones científicas y se ha convertido en un punto especial para el turismo científico y ecológico.
También el caribe tico es famoso por la amplia diversidad de ecosistemas marinos, como los arrecifes del Parque Nacional Cahuita, los de Puerto Viejo, con su cogerdor ambiente cultural, los humedales en Manzanillo, Isla Uvita, Punta Uva, Cocles y Gandoca-Manzanillo.
Un paseo por el centro de Limón te permitirá conocer esa identidad que la diferencia del resto del país y que la hace tan especial. Puedes visitar lugares emblemáticos como Isla Uvita, visitada por Cristóbal Colon en su cuarto viaje a las Américas en el 1.502, el Parque Vargas, el mercado central o el centro histórico. El Carnaval de octubre es la gran fiesta limonense, donde la música, el baile y el colorido se apoderan de las calles en un ambiente cordial y con la alegría que caracteriza a su pueblo.
Otro punto de interés es el embarcadero de Moin, a 7 Km de Limón, puerta de acceso al Caribe Norte, de aquí parten las embarcaciones que a través de ríos y canales te llevarán a destinos como Tortuguero. Un paseo en barca por estos canales es una buena oportunidad para acercarse a la naturaleza y a la vida silvestre.
Limón es cultura, música y tradiciones. Limón es Caribe en su máxima expresión. Y como dice el dicho: “Lo mejor de Limón es su gente…”
El Caribe costarricense es convivencia de pueblos originarios y migrantes, con orígenes diversos pero con una historia y destino común. Entre la playa y la montaña se ha forjado una cultura regional caracterizada por expresiones particulares de la plástica, la música, el canto y la artesanía. Son pueblos que, paradójicamente, bregan por sobrevivir en su tierra, expropiada por foráneos que sólo valoran la plusvalía de la tierra ante el auge del desarrollo turístico. Es muy grande el esfuerzo que tienen que hacer los pobladores humildes, que son la gran mayoría, para sobrevivir y mantener vigentes sus valores y su modo de ver el medio que los rodea. Expresiones como el canto caribeño son hoy un medio de ganarse la vida de algunos pequeños grupos que deambulan por la Ciudad de Limón o por la Capital.
Algunos habitantes logran captarle al turismo algo con la oferta de pequeñas empresas de alojamiento, paseos en bote o tours guiados por las montañas o los arrecifes. Descendientes de afroamericanos, indígenas, mestizos, chinos, y más, hacen gala en sencillos locales de la artesanía elaborada con sus propias manos, así como de las excelentes comidas propias de una zona extraordinariamente diversa en especies de plantas y animales. Es por esto que debemos juntar nuestras manos a las de los pueblos del Caribe y colaborar con ellos, cuando viajemos a ese bello paraíso, comprando sus servicios y productos, que de toda forma son los más baratos y sabrosos de todos.
En el siglo XVIII una parte de la zona del caribe costarricense adquirió relevancia al convertirse en el terreno de un proceso de acumulación basado en la actividad cacaotera, en la región de Matina y sus alrededores. Estas plantaciones hacían uso de esclavos: indígenas locales y negros africanos.
Es en la Costa Atlántica donde las formaciones culturales de los costarricenses afro caribeños han logrado mayor riqueza de manifestación colectiva.
La vinculación con los intereses económicos británicos fue determinante, sin duda, para que la mayor parte de los inmigrantes provinieran de la isla de Jamaica, y para que, en el año 1872, se estableciera un “puente” de continua inmigración desde Jamaica hacia Costa Rica. Los trabajadores vieron entonces sus “temporales” residencias palafíticas convertirse en su único techo, flanqueando la vía férrea. Su sueño del regreso a Jamaica se truncó en las agotadoras jornadas del enclave bananero.
En Costa Rica existen dos oleadas históricas de diferente magnitud que representan las inmigraciones negras: la primera oleada ocurrió en tiempos coloniales y estuvo relacionada con el tráfico directo de esclavos.
La segunda oleada se viene a integrar a una cultura más o menos homogénea, que ya se define como “nacional”, y que acepta la llegada de los jamaiquinos negros en 1873 y años siguientes hasta permitir la actual concentración humana. Los pobladores negros de esta última oleada trajeron consigo muchas costumbres y socializaciones adquiridas en Jamaica, en parte, bajo la influencia de la opresión inglesa: el idioma, la forma general de sus prácticas religiosas, la identificación, a veces múltiple, de las eclesiásticas cristianas y sus propios ritos ancestrales.
Es por ello que en buena parte el caribe tico se desenvuelve influenciado por el auge de la cultura Rasta durante el siglo 20, hasta la actualidad.
Marcus Garvey es considerado el líder del primer movimiento negro de masas del siglo XX, antecesor de Martin Luther King, Malcolm X y los independentistas africanos. Fue uno de las primeras personas en traer y divulgar el mensaje del rastafarismo en América. Su visión política y cultural tuvieron fuerte impacto en las aspiraciones sociales de la oprimida y confundida comunidad negra.
Con sus ideales convertidos en palabras y acciones, Garvey encendió la imaginación de millones de descendientes africanos y dio vida a uno de los episodios más fascinantes del Renacimiento Negro en el mundo.
En el año de 1910, un barco acaba de atracar en el muelle de Puerto Limón. Entre muchos pasajeros desciende Marcus Mozaiah Garvey, periodista negro de origen jamaiquino, quien llega en busca de trabajo a Costa Rica. En la plantación bananera de la United Fruit, Garvey descubre que la explotación y la discriminación no es diferente de la que se vive en otros países: negros que trabajan jornadas interminables, atacados por la malaria o por las serpientes. Pero observar esa explotación despierta en el joven el deseo de liberar y unir a los de su raza para retornar al África.
Su ocupación principal fue la de chequeador de horarios en la zona sur de Limón (por Cahuita, esos lugares), que por cierto, era el empleo de más alto rango al que podía aspirar una persona que no fuera de piel blanca. Además, realiza algunos reportajes para Salomón Zacarías, el editor y dueño de La Nación, el único periódico del puerto en aquel momento. Su labor de periodista lo lleva a involucrarse en las huelgas y los conflictos contra la compañía bananera.
Garvey arenga a los inmigrantes afroantillanos a defender sus derechos; sin embargo, pocos tiempo después se ve obligado a abandonar Costa Rica para continuar con su profética travesía.